Si lo que buscamos es inclusión y participación real en cualquier actividad de índole socioeducativa, darles espacio y voz al colectivo implicado -en el caso que hoy venimos a analizar, niños y niñas de diferentes edades y de diferentes realidades socioeconómicas- debería ser un aspecto primordial. O acaso, ¿es posible la transformación, el crecimiento o el aprendizaje sin acción?
La escucha activa y la confianza en sus capacidades tiene un impacto importantísimo en el desarrollo personal de niños y niñas. Y darles voz va más allá de un aspecto simbólico, sino toda una apuesta por la inclusión social, el uso participativo del espacio o el desarrollo de sus propias competencias desde edades tempranas.
Por eso, hemos querido fomentar una participación de la infancia de forma activa a la hora de desarrollar las actividades de los campamentos urbanos de verano que impulsamos desde Siete Estrellas – SocialMente. ¿Cómo se traslada a la realidad? Mediante una toma de decisiones colectiva que enriquece las dinámicas socioeducativas y que refuerza, al mismo tiempo, el sentido de pertenencia, su autoestima y les prepara para ser ciudadanos críticos y comprometidos con su entorno. Porque, tal y como comenta David Sierra, responsable del área de Social de Siete Estrellas, “es obvio que una infancia empoderada se siente parte de su comunidad, asume responsabilidades, se expresa con libertad y se reconoce como agente de cambio”.
Todo empieza con la escucha activa
Está claro: La inclusión se logra con voluntad, escucha activa y compromiso social. La escucha activa no es solo una técnica de comunicación, es una postura educativa. Implica estar presente, validar las emociones, interpretar lo que no siempre se dice con palabras y actuar en consecuencia. Cuando los equipos educativos escuchan de forma genuina a los niños y niñas, no solo mejoran la calidad de la intervención, sino que modelan un estilo relacional basado en el respeto, la empatía y el reconocimiento mutuo.
Participación real: más allá de “opinar”
Cuando hablamos de participación infantil, no nos referimos únicamente a abrir espacios donde los niños y niñas “puedan opinar” sobre las actividades. La participación activa implica que sus ideas sean escuchadas con atención, valoradas, pero sobre todo, tomadas en cuenta en la planificación y desarrollo de los proyectos. Y en este sentido, es fundamental que el equipo de profesionales deje a un lado la lógica adultocéntrica imperante para avanzar sobre una lógica de co-creación, donde el protagonismo se comparte y los roles se flexibilizan. Esto también requiere una evolución en la actitud del personal educativo: que más allá de ser “organizadores” de actividades, se convierten además en facilitadores de procesos participativos. Es decir, acompañan, guían y garantizan que todas las voces tengan su propio espacio y su tiempo.
Por otro lado, estos procesos de escucha y co-creación deben respetar los diferentes ritmos, opiniones y experiencias, puesto que nos encontramos ante campamentos que abarca a una infancia diversa, con niños y niñas con diversidad funcional o procedentes de colectivos en riesgo de exclusión social.
Algunos ejemplos de cómo es posible aplicar esta metodología participativa para que los participantes expresar sus ideas, necesidades e intereses:
- Asambleas diarias: reuniones en grupo donde se recogen propuestas, impresiones, etc.
- Paneles de propuestas donde niños y niñas pueden compartir o escribir sus propias ideas, pensamientos, propuestas, sugerencias…
- Talleres de diseño colaborativo con estructuras horizontales para la creación de actividades o dinámicas específicas
- Dinámicas de reflexión que ayudan a poner en el centro valores como la empatía o el respeto y permite impulsar una resolución de conflictos colectiva. Aquí te hablamos de cinco juegos y dinámicas para explicar la importancia de la gestión del ahorro a los más pequeños, como un ejemplo de cómo implicar y generar reflexión de forma proactiva.
Otras propuestas donde la participación de la infancia es clave
Estas prácticas, bien acompañadas, promueven habilidades valiosísimas, como la empatía, el trabajo en equipo o la toma de decisiones consensuada, y son aplicables más allá de los campamentos de verano, por ejemplo, en proyectos de participación social que buscan impulsar la convivencia y donde trabajamos con las siguientes claves:
- La prevención y mediación ante conflictos escolares y comunitarios
- El ocio y participación en comunidad
También en proyectos de educación medioambiental, en las que la participación de la infancia funciona como eje central de las acciones a desarrollar.
Integrar la voz de la infancia, un derecho reconocido
Además, hablamos de un enfoque que encontramos ya respaldado en el artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas (1989), que reconoce el derecho de niños y niñas a expresar su opinión en todos los asuntos que les afectan y a que esta sea tenida en cuenta en función de su edad y madurez. Pero también desde entidades centradas en la infancia, como UNICEF, se reconoce que la participación infantil es necesaria para construir sociedades democráticas.
Otras iniciativas como los Consejos de Infancia Municipales o los proyectos de “Ciudades Amigas de la Infancia” en España, han demostrado que cuando se escucha a la infancia, se transforma la comunidad. De ahí que en Siete Estrellas – SocialMente hayamos mantenido esa filosofía en nuestras actividades socioeducativas, también en los campamentos urbanos que estos días nos ocupan.
¿Quieres saber más sobre participación social? ¿Tienes dudas sobre cómo aplicar la participación en proyectos socioeducativos? Llámanos.