Ya es hora de poner la salud mental en el centro. Los datos no han dejado de demostrarlo. En los últimos años, hemos visto un crecimiento exponencial en la concienciación sobre la importancia de la salud mental en todos los ámbitos de la vida, incluyendo el trabajo, la educación y la vida en comunidad. Una toma de conciencia que se ha visto fortalecida en paralelo al aumento de afección en la población.
Aprovechando que el 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, analizamos su papel en los proyectos de inclusión social a partir de nuestra experiencia propia.
Por qué la salud mental afecta directamente a la exclusión social
Debemos partir de la base de que los proyectos de inclusión social buscan integrar a individuos y colectivos que, por diferentes razones, se encuentran en situación de vulnerabilidad o exclusión. Estas iniciativas no solo se enfocan en mejorar la participación social, sino que también buscan asegurar que todos los individuos tengan acceso a las mismas oportunidades y recursos. Y, por tanto, uno de los aspectos clave que se debe tener presente es la salud mental, ya que las personas en situación de exclusión social son especialmente vulnerables a problemas como la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático u otros trastornos mentales.
La exclusión social puede tener profundas implicaciones en la salud mental de las personas. Factores como el desempleo prolongado, la discriminación, la pobreza, la falta de acceso a servicios de salud adecuados o el aislamiento social pueden generar o agravar problemas de salud mental.
De hecho, podemos afirmar que existe una relación bidireccional entre la exclusión social y los problemas de salud mental: mientras que la exclusión social puede llevar a desarrollar problemas psicológicos, las personas que padecen trastornos mentales también pueden enfrentar barreras para la inclusión. La pescadilla que se muerde la cola. Pongamos un ejemplo: una persona que experimenta depresión o ansiedad severa puede encontrar difícil mantener un empleo o establecer relaciones interpersonales, lo que contribuye a su aislamiento y exclusión. A su vez, este aislamiento empeora su estado mental, entrando en un ciclo negativo que resulta difícil de romper si no se cuenta con la intervención adecuada.
A ello hay que añadir uno de los grandes retos a la hora de abordar y tratar problemas de salud mental, la fuerte estigmatización que aún se mantiene en torno a ello. Muchas personas, especialmente aquellas en comunidades vulnerables, pueden sentir vergüenza o miedo a ser discriminadas por reconocer sus problemas de salud mental. Esto dificulta que busquen la ayuda que necesitan y, en algunos casos, puede llevar a un agravamiento. ¿Cómo ponemos fin a este círculo vicioso?
Algunas herramientas de mejora de la salud mental
Cuando hablamos de trabajar en la inclusión social de un colectivo, partimos de la base de la necesidad de que más allá de promover la participación activa en la sociedad, lo que se busca es brindar un entorno en el que las personas se sientan valoradas, comprendidas y apoyadas. Por ello, cada proyecto debe abordarse de un enfoque integral que incluya la salud mental y en el que el y la participante entienda, sienta y pueda hablar sobre sus emociones.
Existen varias maneras en que los proyectos de inclusión pueden ayudar a mejorar la salud mental de los y las participantes.
Reducción del aislamiento social
La inclusión social proporciona a las personas la oportunidad de interactuar con otras personas, romper con el aislamiento y construir relaciones significativas. Estas conexiones pueden ser fundamentales para combatir la soledad y los sentimientos de desesperanza, factores que a menudo exacerban los problemas de salud mental.
Fomento del sentido de pertenencia
Cuando las personas se sienten incluidas en una comunidad, experimentan un mayor sentimiento de pertenencia y propósito, lo que mejora su bienestar emocional. Este sentimiento de pertenencia puede actuar como un amortiguador contra el estrés y la ansiedad.
Acceso a recursos y apoyo
Los proyectos de inclusión suelen ofrecer acceso a una variedad de recursos, desde asistencia para la búsqueda de empleo hasta talleres de habilidades personales. Estos recursos no solo son útiles para mejorar la situación socioeconómica de los y las participantes, sino que también pueden contribuir a su bienestar mental al empoderarlos para que tomen el control de sus vidas y enfrenten los desafíos de manera más eficaz. Ejemplo de ello son las actividades con personas refugiadas impulsadas por CEAR y en las que Siete Estrellas – SocialMente tiene un importante papel en el apoyo psicosocial.
En este sentido, nunca ha sido tan necesaria la alianza entre organizaciones que promueven la inclusión social y los y las profesionales de la salud mental. Al unir fuerzas, es posible abordar de una forma eficaz las necesidades sociales y emocionales reales de las personas en situación de vulnerabilidad.
Espacios seguros para la expresión emocional
Al crear entornos donde las personas se sientan seguras para expresar sus sentimientos y emociones, los proyectos de inclusión social permiten abordar problemas emocionales antes de que se agraven. Ya sea a través de talleres, grupos de apoyo o actividades recreativas, las personas participantes tienen la oportunidad de reflexionar sobre su estado emocional y recibir el apoyo necesario. El Ensayadero refleja a la perfección cómo podemos utilizar una actividad recreativa, en este caso en torno a la música, para favorecer esta participación social y emocional que ayuda, además, a crear vínculos y reforzar autoestima. Te dejamos más información aquí: Cómo la música puede ayudar en un proyecto socio-educativo: El ensayadero.
Cómo trabajamos en Siete Estrellas – SocialMente para cuidar la salud mental
Uno de los proyectos que aborda las herramientas anteriormente comentadas es el Proyecto Respiro, del Distrito de Retiro en Madrid, en el que Siete Estrellas – SocialMente está implicado. Se trata de una iniciativa dirigida a personas con discapacidad que, por un lado, proporciona a través de educadores sociales un apoyo y acompañamiento en la gestión de trámites administrativos, contribuyendo a la mejora en la calidad de vida de estas personas. Por otro, con acciones de ocio (salidas, talleres, etc.) se genera un espacio seguro, de pertenencia y apoyo, que de forma directa mejora su autoestima.
En esta línea también trabajamos con la Mancomunidad de Mejorada del Campo y Velilla de San Antonio, donde un equipo formado por una psicóloga, una logopeda y una fisioterapeuta trabajan con personas con discapacidad que precisan un apoyo para mejorar su situación personal.
Pero hay más iniciativas en las que la salud mental de los colectivos con los que trabajamos está presente. Por ejemplo, el proyecto de ocio activo para personas con discapacidad del Distrito de Fuencarral que, desde una perspectiva integradora, pretende que cada participante pueda divertirse con actividades de ocio normalizado que resultan beneficiosas porque les permiten compartir experiencias cotidianas con el resto de la sociedad. Por último, se trabaja en la mejora y el fortalecimiento de la red de apoyos, facilitando que los vínculos entre los/as participantes se desarrollen y se consoliden. Así, más allá del ocio, este espacio se convierte en un lugar donde las personas se encuentran, fortalecen sus relaciones y disfrutan de momentos creados especialmente para ellas y ellos, lo que refuerza su bienestar emocional y social.
Recordemos hoy, Día Mundial de la Salud Mental, que promover el bienestar emocional y psicológico no solo es un derecho de todas las personas, sino que también una condición para garantizar la integración plena en la sociedad.