¿Qué hay tras el término “soledad no deseada”?

Soledad no deseada

Si te decimos que una de cada dos personas por encima de los 60 años está en riesgo de aislamiento social y una de cada tres personas afirma sentirse sola de manera frecuente, te damos un dato que refleja muy bien de lo que hablamos al analizar el concepto de soledad no deseada. El dato no nos lo hemos inventado nosotros, procede de la web de INFOCOP (Consejo General de la Psicología de España).

Y hoy te hablamos de esto porque los profesionales que trabajamos en el terreno de lo social escuchamos cada vez más (y lo vemos en nuestro día a día). Tanto es así que lo consideramos toda una problemática social que se suma a la lista, afectando especialmente a las personas mayores. 

Y nos preocupa sobre todo por el importante reto social y sanitario que se nos plantea como sociedad y que nos afectan a todos. Te damos un dato más que nos ayuda a añadir contexto: según datos de la Organización Mundial de la Salud, se prevé que el número de personas de 80 años o más se triplique entre 2020 y 2050, hasta llegar a unos 426 millones para entonces. Está claro que es más que necesario un abordaje urgente. 

Vamos a sentar las bases sobre este concepto

Si nos preguntas por el origen de ello, tenemos que entender que nace de la sensación de aislamiento emocional y social que surge cuando una persona carece de conexiones significativas o considera insuficiente su interacción social. En el caso de las personas mayores, suele ser el resultado de factores como la pérdida de seres queridos, la jubilación, problemas de salud o también aislamiento que procede de sus problemas de movilidad reducida. 

Aunque es cierto que la soledad es algo que podemos experimentar en cualquier momento de nuestra vida, su prevalencia es notablemente alta entre los y las mayores. Más datos: la soledad está directamente relacionada con un mayor riesgo de depresión, ansiedad y trastornos del sueño. De hecho, las personas mayores que se sienten solas tienen hasta un 40% más de probabilidades de desarrollar problemas psicológicos en comparación con aquellas que mantienen conexiones sociales. Pero también genera impactos a nivel físico, ya que como podemos leer en varios estudios, la soledad está vinculada a un aumento en el riesgo de enfermedades cardiovasculares o cerebrovasculares

Ahora toca preguntarse por qué se produce este fenómeno

Porque no hablamos de un fenómeno aislado, sino del resultado de una combinación de factores en el que lo colectivo tiene mucho que decir. Entre ellos, destaca la pérdida de seres queridos, ya que el fallecimiento de cónyuges, amigos y familiares reduce nuestra red de apoyo emocional. A esto se suman, como decíamos, los problemas de movilidad, que dificultan los desplazamientos y limitan las oportunidades de socialización. También la discapacidad y la dependencia o la situación de pobreza agravan este problema, así como ciertos factores demográficos concretos: vivir solo, tener un bajo estatus socioeconómico, ser inmigrante, estar desempleado/a… Todos estos factores pueden además combinarse, sobre todo a medida que las personas envejecen. En anteriores artículos ya hemos hablado sobre el edadismo y cómo luchar contra la discriminación que sufren las personas mayores.

Y es aquí donde el apoyo social es la herramienta que puede mejorar la calidad de vida de las personas mayores y desplaza ese sentimiento de sus vidas.

Y ahora: cómo podemos actuar para mitigar la soledad en personas mayores

Pensando en estrategias y enfoques básicos que pueden ayudar a reducir la soledad entre las personas mayores, se nos ocurren varias opciones. Hacemos aquí un pequeño resumen de estas ideas, y si te interesa, no dudes en contactar con nuestro equipo para tener más información acerca de cómo puedes tú ayudar.

  • Impulsar su participación en espacios sociales: Si logramos una mayor  participación en centros sociales o de día y que se impliquen con actividades comunitarias, lograremos generar nuevas conexiones con otros colectivos.
  • Introducirles en el uso de la tecnología: Existen multitud de programas que enseñan a las personas mayores a usar dispositivos como primer paso para garantizar una conexión con otras personas, ya sean familiares o amigos
  • Incluirles en proyectos intergeneracionales: Las iniciativas que conectan a niños/as y jóvenes con mayores tienen importantes beneficios para ambas partes y así lo han demostrado muchísimos proyectos que hemos puesto en marcha en esta línea. En ellos, el intercambio de experiencias y la reducción del aislamiento es notable.
  • La clave del apoyo psicológico: Claro, las terapias individuales o de grupo pueden ayudar a manejar estos sentimientos de soledad y ayudar a desarrollar estrategias para que cada individuo pueda trabajar en el afrontamiento de la misma.

Como ves, los datos y la propia realidad con la que nos topamos nos demuestran que es urgente abordar este problema social, que es necesario acompañar a las personas mayores, integrarlas y hacerles partícipes y trabajar un enfoque integral que incluya apoyo social, tecnológico y sanitario.  Básicamente, porque se trata de una inversión en el tejido humano de nuestras comunidades.

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