6 lecciones que hemos aprendido en 2020 como agentes de cambio social

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Este 2020 ha sido un año muy complicado para el mundo entero, y para nosotras no iba a ser menos. Hemos vivido de primera mano el impacto de la pandemia sobre los más vulnerables, sobre los participantes de nuestros proyectos desde el primer día. Personas mayores en residencias, jóvenes, niños y niñas que participaban activamente en sus barrios, familias con las que interveníamos y personas refugiadas a las que acompañamos en su proceso de inclusión.

De repente, todo se paró. O mejor dicho, pareció que todo se paraba. Porque en realidad, las necesidades de las personas con las que trabajamos no disminuyeron, sino todo lo contrario, se amplificaron o aparecieron nuevas necesidades

Adiós 2020

Termina 2020 y nos deja con cierto vacío. Los proyectos socioeducativos que teníamos previsto emprender, los abrazos de ánimo que no hemos podido dar a nuestros chicos y chicas en cada proyecto, las sonrisas que se han escondido detrás de las mascarillas, y la silla vacía de todos aquellos y aquellas que por desgracia ya no volverán.

Pero 2020 también ha sido un año lleno de aprendizajes, reafirmaciones y lecciones que queremos compartir con vosotros y vosotras. Porque estamos seguros de que todo lo aprendido, nos servirá para poder ejercer mejor nuestro trabajo como agentes de cambio social en los años venideros.

Aprendizajes que nos ha traído 2020

1. La participación ciudadana la base del tejido social

Ya lo sabíamos, pero la pandemia nos ha reafirmado lo indispensable que es la participación ciudadana para fortalecer el tejido social. En muchos barrios y distritos donde habitualmente trabajamos, por ejemplo en Vicálvaro, la participación de los vecinos y vecinas ha ido tejiendo una red social que ha dado apoyo a las personas que más lo han necesitado durante todo el año. 

Otro ejemplo de participación, especialmente durante el confinamiento, han sido las increíbles ganas que los niños, niñas y jóvenes de nuestros proyectos tenían de participar, compartir, ayudar a la comunidad o comunicar cómo se sentían. Todas estas inquietudes las canalizaron, por ejemplo, las Comisiones de Participación Juvenil e Infantil de Velilla y Mejorada, a través de vídeos que realizaron desde sus casas explicando cómo lavarse las manos o dando mensajes de ánimo a la población. 

Digitalización participación ciudadana

2. La soledad de nuestros mayores

Las personas mayores han sido, y siguen siendo, especialmente vulnerables frente a la COVID19. El aislamiento al que se han visto sometidos por su propia seguridad ha dejado en evidencia la importancia que el contacto social tiene es su salud física, mental y emocional

Han aprendido a vivir con el miedo, la incertidumbre y la soledad, y como profesionales sociales les hemos acompañado, hemos aprendido a sonreírles con la mirada y hemos creado “puentes digitales” para que supieran que no estaban solos y solas. Por ejemplo, estableciendo un sistema de videollamadas en la residencia de Zalla para que las personas mayores que allí vivían pudieran estar en contacto con su familia, o animando a los niños del pueblo de Barrika a que mandaran mensajes de ánimo y acompañamiento a sus mayores.   

3. El rol de los educadores y educadoras

Este año hemos digitalizado la mayoría de nuestros proyectos sociales y educativos. Esta digitalización ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, la importancia del rol de los educadores y educadoras en el aprendizaje de los niños y niñas.

 El confinamiento cerró las escuelas, y el personal educativo hizo un esfuerzo descomunal para adaptar materiales y metodologías al formato digital en tiempo record. 

También creemos que la pandemia ha hecho visible la importancia de los espacios de ocio y tiempo libre para nuestros niños, niñas y adolescentes (¡y también para los adultos y adultas!). Son necesarios espacios y profesionales que ofrezcan alternativas para desarrollar la creatividad, las redes de apoyo, trabajar los valores, la diversidad, los cuidados y la vida saludable, entre otras cosas. 

participacion infantil

4. La familia educadora

Durante este periodo, los padres y madres han cobrado peso en el proceso educativo, y la sociedad y las familias han podido comprobar cómo trabajando en equipo e implicándose, los resultados no solo generan aprendizaje cognitivo, sino que también son momentos lúdicos, de creatividad y de fortalecimiento de lazos familiares. 

Como educadores y educadoras, solo podemos darles las gracias por habernos acompañado en este proceso de aprendizaje de sus hijos e hijas, por habernos ayudado durante muchos meses y por haber sido capaces de encontrar el espacio y el lugar en sus hogares para nosotros y nosotras. 

5. La brecha digital en la educación

Los educadores y educadoras, hemos sido los primeros en darnos cuenta de nuestras carencias digitales. Así que nos formamos rápidamente, fuimos autodidactas en muchos casos, y hemos aprendido muchísimas cosas que hasta ahora no sabíamos ni que existían.  Hemos adquirido nuevas habilidades que estamos seguros que nos servirán para mejorar futuros proyectos y actividades. 

Muchas familias con las que trabajamos no tenían dispositivos suficientes en sus casas para que todos sus miembros pudieran trabajar y estudiar a la vez. Además, las competencias digitales muchas veces eran limitadas. Todo esto, unido a la dificultad de aprender algo nuevo a través de una pantalla o una plataforma con la que los niños y niñas no estaban familiarizados, hizo que nos planteáramos ofrecer algún sistema de apoyo educativo a distancia. Y así lo hicimos en Barrika, donde ofrecimos asistencia escolar vía telefónica  o por correo electrónico a los vecinos y vecinas del pueblo a través de la Biblioteca Pública.  

brecha digital educación

6. Brecha digital en personas refugiadas

El drama de las personas refugiadas que llegan a nuestro país hace que sea más necesaria que nunca una atención integral de las personas recién llegadas para conseguir una verdadera inclusión social. 

Uno de los proyectos que tenemos en marcha con este colectivo es el de aprendizaje de español, que desarrollamos para CEAR. Este proyecto ha supuesto todo un reto durante este 2020 y la notable brecha digital de las personas refugiadas ha hecho que muchos de los participantes no pudieran seguir la modalidad online de los cursos de español que impartimos.

Por un lado, debido a que muchos de ellos y ellas ni siquiera tienen dispositivo móvil con el que conectarse, y mucho menos tablet u ordenador. Y algunos de ellos son tan antiguos que las plataformas formativas no eran compatibles.

Y por otro lado, muchos de ellos y ellas son alfalectores, es decir, tienen unos conocimientos muy básicos de lectoescritura. Así que si ya es difícil aprender un nuevo idioma, imagina si tuvieras que hacerlo al mismo tiempo que aprendes a leer y escribir. Súmale dificultad en el caso de que sea un idioma completamente diferente a tu idioma materno. Y no digamos si además tuvieras que hacerlo a través de una herramienta tecnológica.  La complejidad de aprendizaje es máxima.

2020 ha sido un año lleno de retos, cambios y dificultades. Pero ante esas circunstancias, nuestra respuesta como agentes de cambio, es y seguirá siendo, adaptar nuestras metodologías y herramientas para llegar al mayor número de personas posible. Generar un cambio hacia una sociedad más inclusiva, equitativa e igualitaria.

¡Os deseamos un feliz y saludable 2021 lleno de aprendizajes!

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