No dejamos de escuchar a las instancias públicas que su objetivo es implicar más a la ciudadanía en la construcción de la sociedad que queremos o de los entornos en los que habitamos. Pero, la participación no sucede por casualidad.
Y los vemos en los ayuntamientos, que impulsan procesos participativos para diseñar planes estratégicos, pero también en las entidades sociales para implicar a personas usuarias en sus proyectos o en los centros educativos donde cada vez más se fomentan espacios de diálogo con alumnado y familias.
Si el reto es impulsar la participación, estas son las metodologías para lograrlo.
Lo que no es participación
Una reunión informativa, una encuesta o una consulta puntual. Si te han vendido estos ejemplos como participación, es claramente un error. Y no queremos decir que estas acciones no puedan ser útiles, que lo son, pero por sí solas no van a garantizar que las personas se sientan escuchadas ni que sus aportaciones tengan un impacto real en las decisiones finales. ¿Qué suele ocurrir cuando se “vende” la participación de esta manera? Desmotivación e, incluso, el abandono de los procesos participativos.
La diferencia entre una participación simbólica y una participación transformadora suele estar en la metodología.
Lo que sí es una metodología participativa
Vamos con una definición teórica: Las metodologías participativas son las estrategias, técnicas y herramientas que facilitan la implicación activa de colectivos concretos en la identificación, toma de decisiones, diseño de soluciones o evaluación de proyectos. En cada fase del proceso, de principio a fin.
Si tenemos que identificar una particularidad que defina las metodologías participativas esa sería, sin duda, que sitúan a las personas en el centro del proceso. Es decir, parten de la idea de que quienes viven una realidad concreta son aquellas que cuentan con el mayor conocimiento y, por tanto, son imprescindibles, primero, para comprenderla y, después, para transformarla. Aquí las actuaciones dejan de tomarse desde una perspectiva meramente técnica, para poner la atención en el enfoque de quienes viven y conviven con esa realidad.
Vamos a ejemplificarlo: Imagina que un ayuntamiento quiere ejecutar un proyecto de regeneración en un barrio concreto. Bien, aquí la administración puede disponer de datos demográficos, estudios urbanísticos o indicadores sociales, sí. Sin embargo, quienes conocen aspectos cotidianos que no van a aparecer en un informe con datos cuantitativos es el vecindario, quienes conviven día a día en este entorno. Es el vecindario quien conoce los espacios donde se producen conflictos, los lugares de encuentro, las necesidades de las personas mayores o de niños/as, las dificultades de movilidad…. Queda claro quiénes son las personas que deben participar en la definición de los procesos de regeneración, ¿verdad? Ahora, integrando y combinando la información desde ambas perspectivas, llegaremos a diagnósticos más completos y propuestas más ajustadas y realistas.
¿Para qué sirven las metodologías participativas?
El ejemplo anterior exponía un caso de participación ciudadana, pero estas metodologías podemos aplicarlas en cualquier otra situación que exija de una construcción colaborativa de soluciones. Por ejemplo:
- Identificar necesidades reales antes de poner en marcha un proyecto.
- Recoger propuestas desde diferentes perspectivas.
- Favorecer el diálogo entre ciudadanía, entidades e instituciones.
- Generar consenso en torno a decisiones complejas.
- Implicar a las personas en el desarrollo de las actuaciones.
- Fortalecer las redes comunitarias.
- Mejorar la transparencia y la confianza en los procesos públicos.
- Evaluar el impacto de los proyectos incorporando la visión de quienes participan.
→ Participa Vicálvaro, un ejemplo de lo que la participación ciudadana continuada puede conseguir
Hay 5 principios que comparten todas las metodologías participativas
Aunque existen numerosas herramientas, todas ellas comparten estos cinco principios fundamentales.
- Escucha activa: Toda participación comienza por generar espacios donde las personas puedan expresar sus experiencias, preocupaciones y expectativas de manera respetuosa.
- Inclusión: Los procesos deben facilitar la participación de personas con perfiles diversos, evitando que solo intervengan quienes habitualmente tienen mayor capacidad de representación o influencia.
- Igualdad de oportunidades: Una buena metodología incorpora dinámicas que permiten equilibrar la participación y evitar que unas pocas voces monopolicen el debate.
- Transparencia: Las personas necesitan conocer qué objetivos tiene el proceso, cómo se utilizarán sus aportaciones y cuáles serán los siguientes pasos.
- Corresponsabilidad: Al participar, asumes un papel activo en la construcción de soluciones y, por tanto, también una responsabilidad con las decisiones y con el seguimiento de los acuerdos alcanzados.
- Aprendizaje colectivo: Los procesos participativos generan conocimiento compartido. No solo producen propuestas; también fortalecen las relaciones entre personas, entidades e instituciones.
Estas son las 10 metodologías participativas más utilizadas
Focus group
El Focus Group o grupo focal consiste en una conversación guiada con un pequeño grupo de personas para conocer en profundidad sus opiniones, experiencias y necesidades. Esta es, sin duda alguna, una metodología que más se utilizan para diagnósticos sociales, evaluaciones de servicios y diseño de proyectos, ya que aporta información cualitativa de gran valor.
Investigación Acción Participativa
La Investigación Acción Participativa combina análisis, participación y acción. La comunidad interviene en todas las fases del proyecto, desde la identificación de los problemas hasta la evaluación de las soluciones. Es una metodología que nos interesa mucho en Siete Estrellas – SocialMente, al ser especialmente eficaz para impulsar procesos de transformación social y fortalecer el compromiso de las personas participantes.
Open Space
Otra metodología que nos interesa, El Open Space permite que sean las propias personas participantes quienes definan los temas que desean abordar y organicen las conversaciones. Esta metodología favorece la implicación, la creatividad y el intercambio de conocimientos, perfecta para encuentros comunitarios o procesos de innovación social.
Mapa de actores
Con un potencial visual muy interesante, el mapa de actores nos ayuda a identificar a las personas, entidades e instituciones implicadas en un proyecto, pero también la manera en la que se relacionan. ¿Qué nos aporta? Una visión sobre alianzas, recursos y posibles áreas de colaboración, contribuyendo a diseñar procesos participativos más inclusivos y representativos.
Sociograma comunitario
Más ideas de mapeo. El sociograma comunitario representa gráficamente las relaciones entre personas, colectivos y organizaciones de un territorio. De nuevo, una herramienta para identificar liderazgos, fortalecer redes de colaboración y detectar colectivos que necesitan una mayor implicación en el proceso participativo.
Tormenta de ideas estructurada
¡Arriba el brainstorming! Con esto logramos generar propuestas de forma colaborativa y organizada. Y la cosa va por fases. Primero, fase de creatividad, después, toca clasificar ideas, analizar, priorizar y, posteriormente, convertirlas en acciones concretas. Sin duda, una metodología sencilla, pero, al mismo tiempo, muy eficaz en talleres participativos y sesiones de planificación.
Talleres de cocreación
Otra alternativa para crear. Los talleres de cocreación reúnen a ciudadanía, profesionales y administraciones para diseñar soluciones de manera conjunta. Mediante dinámicas colaborativas, las personas participantes aportan ideas, analizan alternativas y construyen propuestas adaptadas a las necesidades reales del territorio.
Presupuesto participativos
De esto, sabemos muchísimo en Siete Estrellas – SocialMente. Los presupuestos participativos permiten a la ciudadanía proponer proyectos que serán financiados con una parte del presupuesto público. Una manera de lograr mejorar la transparencia, fortalecer la implicación de la población y lograr una gestión más participativa de los recursos municipales. ¿Quieres saber más? Esta es nuestra experiencia en los Foros Locales y proyectos participativos del Ayuntamiento de Madrid.
Técnicas de priorización colectiva
Una metodología encaminada al consenso. Nos ha pasado: encontrarnos en un proceso con numerosas propuestas y, entonces, ¿qué hacemos? Decidir cuáles deben desarrollarse primero. Para ello, las técnicas de priorización colectiva permiten ordenar las iniciativas mediante votaciones, matrices de valoración o dinámicas de consenso, favoreciendo decisiones transparentes y compartidas.
World Café
La última, pero no menos importante. El World Café es una metodología que pretende fomentar el diálogo y el intercambio de ideas en grupos numerosos. Las personas participantes se distribuyen en pequeñas mesas de conversación y van rotando para compartir y enriquecer las conclusiones de cada grupo. Es una herramienta muy útil para identificar necesidades, generar propuestas y construir una visión compartida.
Y lo más interesante: cómo trabajamos las metodologías participativas en Siete Estrellas – SocialMente
Para nosotros/as, la participación es un proceso continuo, siempre presente, no es una acción aislada o puntual. Por eso, incorporamos metodologías participativas en proyectos relacionados con planes de participación ciudadana, dinamización de consejos y estructuras de participación, proyectos de desarrollo comunitario, incluso en la dinamización de centros juveniles y espacios socioculturales o en programas de inclusión social e intervención comunitaria.
¿Y cómo lo hacemos? Priorizando su adaptación a las características del territorio, del colectivo participante y de los objetivos del proyecto. Porque sabemos que no es lo mismo diseñar un proceso de participación con infancia y adolescencia que con personas mayores, asociaciones vecinales o equipos técnicos municipales. Aquí nuestro conocimiento y capacidad de adaptación es la que permite obtener resultados útiles y sostenibles.