Miriam Sevilla, coordinadora de proyectos en Siete Estrellas – SocialMente: «Es fundamental la experiencia, pero también la preparación, planificación y trabajo riguroso»

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Miriam Sevilla es la responsable de Siete Estrellas – SocialMente que se encarga de que los campamentos inclusivos vayan sobre ruedas cada verano. Con ella hablamos, al inicio de curso escolar, para contarte un poco más sobre este área de la entidad.

1. Los campamentos urbanos son uno de los proyectos más importantes de la temporada. ¿Qué supone para la organización poner en marcha una campaña de estas dimensiones?

Poner en marcha los campamentos urbanos supone muchísimo trabajo, especialmente durante la campaña de verano. Son muchos meses de preparación para conseguir que, cuando llegue el momento de abrir las puertas de los campamentos, todo esté preparado para que los niños, las niñas y sus familias puedan disfrutar de la experiencia con tranquilidad.Es un trabajo muy intenso y, sobre todo, requiere mucha coordinación entre todas las personas que forman parte del proyecto. Desde el Departamento de Ocio estamos en contacto continuo con los equipos de los campamentos y con el resto de departamentos, porque durante una campaña de estas dimensiones surgen muchas situaciones que hay que ir resolviendo sobre la marcha. La comunicación y el trabajo en equipo son fundamentales para conseguir que todo encaje. Y creo que una de las cosas más bonitas de este trabajo es precisamente esa: después de tantos meses de preparación, llega el momento en el que ves los campamentos llenos de vida, a los niños y niñas disfrutando, a los equipos trabajando juntos y a las familias confiando en nosotros. En ese momento es cuando realmente ves el resultado de todo el trabajo que hay detrás y entiendes que todo el esfuerzo ha merecido la pena.

2. Este año son más de 12.000 plazas de campamento y un equipo de más de 1.400 profesionales. ¿Qué hay detrás de estas cifras?

Detrás de esas cifras hay muchísimas personas y muchas tareas: activar a nuestros equipos, incorporar nuevos profesionales cuando es necesario, atender las dudas de las familias, tanto por vía telefónica como por WhatsApp y correo electrónico, preparar las programaciones y los materiales, organizar las excursiones, mantener la comunicación con los ayuntamientos y coordinar todos los servicios externos que necesitamos, desde los autobuses y las piscinas hasta el catering.

Y esto es algo que nos gusta tener muy presente en el Departamento de Ocio. Nosotros trabajamos directamente con los niños y las niñas y con sus familias, y eso hace que cada caso, cada correo o cada duda tenga que abordarse desde una perspectiva social y humana, no simplemente como una cifra o un dato más.

Este año hablamos de más de 12.000 plazas de campamento y de un equipo de más de 1.400 profesionales, pero para entender lo que realmente supone un proyecto de estas dimensiones hay que ir un poco más atrás. Todo empieza con la licitación. Antes de que el proyecto llegue al Departamento de Ocio hay un trabajo muy importante por parte de Siete Estrellas para conseguirlo y, sobre todo, para plantearlo desde unos criterios de calidad que después queremos mantener durante toda su gestión.  Para ello, es fundamental la experiencia que tenemos de proyectos anteriores, pero también hay muchas horas de preparación, planificación y trabajo riguroso. Por eso, cuando llega ese momento en el que te dicen “¡Hemos ganado!”, hace mucha ilusión, pero también sabes que ahí empieza todo lo demás.

A partir de ese momento comienza para nosotras una etapa de mucha intensidad: organizar los equipos, buscar y seleccionar el personal que necesitamos, hacer entrevistas, preparar las programaciones y los materiales…. Y cuando nos sentamos y ponemos sobre la mesa las cifras de participantes y de profesionales que tenemos por delante, impresiona. Son proyectos muy grandes y sabemos que van a llegar a muchísimas personas. Pero, curiosamente, aunque tengas esas cifras constantemente presentes, en el día a día nunca trabajas pensando en ellas. Trabajas pensando en personas concretas. Puede ser una monitora cuyo perfil encaja perfectamente con un puesto por su formación, su experiencia o simplemente por la energía que transmite en una entrevista. Puede ser una familia que te escribe porque su hijo está enfermo y, aunque ese día no vaya al campamento, quieres saber cómo sigue. Puede ser una familia que lleva unos desayunos al equipo de monitores/as como muestra de agradecimiento por cómo han cuidado de sus hijos e hijas. O puede ser algo tan sencillo como leer en una evaluación que un niño quiere volver el año siguiente porque Laura ha sido su monitora favorita. Son pequeños momentos, pero para nosotras significan mucho. Porque es ahí donde realmente ves que el proyecto no se queda en una programación, en una plaza o en un número de profesionales, sino que tiene un impacto en la vida de las personas. Y creo que esa es una de las partes más bonitas de mi trabajo. Después de tantos meses de preparación, empiezas a ver los campamentos llenos de vida, a los niños y niñas disfrutando, a los equipos haciendo su trabajo y a las familias tranquilas. Creo que las cifras nos ayudan a entender la dimensión de lo que hacemos, pero son las personas las que nos recuerdan por qué lo hacemos.

3. La campaña se desarrolla en diferentes distritos de Madrid y Euskadi, ¿Cómo se trabaja para adaptar cada campamento a los diferentes territorios?

La clave está en una buena organización y, sobre todo, en tener un equipo que conozca bien cada región. En un proyecto tan grande hay muchas cosas que coordinar y muchas fechas que cumplir, así que la planificación es fundamental. Pero también lo es contar con profesionales que conozcan de cerca la realidad de las personas con las que trabajan. En nuestro caso, la gestión de los campamentos está dividida entre Madrid y Euskadi. Esto permite que cada equipo conozca las necesidades de su región y pueda adaptar el proyecto a ellas. Al mismo tiempo, estamos en contacto constante y trabajamos de forma coordinada. Por ejemplo, con la selección de personal trabajamos juntos: las candidaturas llegan a través de las ofertas de empleo y después cada equipo gestiona los perfiles que corresponden a su territorio, teniendo en cuenta las características y necesidades de cada proyecto. Y lo mismo ocurre con las actividades, la distribución de plazas, la atención a las familias o la organización de los equipos. Al final, tenemos una forma de trabajar común, pero no perdemos de vista que cada lugar es diferente.

4. ¿Cuáles son los principales retos a los que os enfrentáis durante la planificación y la ejecución de los campamentos?

Uno de los principales retos es coordinar todo lo que hay detrás de los campamentos. Hablamos de muchos profesionales, muchas familias, diferentes espacios y diferentes servicios, así que es importante que todo esté bien organizado y que los equipos estén muy coordinados. También está el reto de anticiparnos a los imprevistos. Por mucho que planifiques, siempre pueden surgir cambios de última hora: una baja de un profesional, una necesidad de una familia, un cambio en una actividad, el clima… y tenemos que ser capaces de reaccionar y buscar soluciones rápidamente. Y, sobre todo, está el reto de mantener la cercanía a pesar de la dimensión del proyecto. Podemos estar gestionando miles de plazas, pero cada familia y cada niño o niña tienen sus propias necesidades. Para nosotras es importante no perder esa mirada cercana y que las personas sientan que detrás de todo el proyecto hay un equipo que les escucha y les acompaña.
Creo que ahí está uno de nuestros mayores retos: que todo funcione a gran escala, pero sin perder el trato cercano y humano.

5. ¿Qué aspectos diferencian nuestros campamentos urbanos y qué valor aportan a las familias y a los participantes?

Creo que una de las cosas que más nos diferencia es que para nosotros un campamento es mucho más que un lugar donde pasarlas vacaciones. Queremos que sea un espacio donde los niños y niñas disfruten, hagan amistades, aprendan y, sobre todo, se sientan cuidados y seguros. Además, tenemos muy presentes valores como la igualdad de oportunidades, la cooperación y la coeducación. Intentamos que estos valores estén presentes en las actividades y en la forma en la que nos relacionamos con los niños y niñas, creando espacios donde todos y todas puedan participar y sentirse parte del grupo. Y creo que eso también es importante para las familias. Más allá de que sus hijos e hijas estén atendidos durante sus vacaciones, buscamos que sepan que están en un espacio seguro, inclusivo y pensado para todo el mundo. Lo que más nos gusta es saber que los niños y niñas se vayan a casa habiendo disfrutado, habiendo aprendido algo nuevo y, si puede ser, con alguna historia que contar. Y que cuando llegue el siguiente campamento tengan ganas de volver.

6. Coordinar un equipo tan amplio no debe ser sencillo. ¿Qué destacarías de tu trabajo a diario?

Creo que lo que más destacaría es que cada día es diferente. Cuando trabajas con un equipo tan amplio siempre hay muchas cosas que atender: profesionales que necesitan ayuda, familias con dudas, cambios de última hora, nuevas incorporaciones… y tienes que estar un poco pendiente de todo. Pero también destacaría el trabajo en equipo. Aunque cada persona tenga sus responsabilidades, estamos constantemente apoyándonos y buscando soluciones juntas. Y eso, en una campaña tan grande, es fundamental.

Para mí, una parte muy bonita del trabajo es precisamente esa: saber que detrás de todo lo que hacemos hay muchas personas y que nuestro trabajo puede facilitarles las cosas, ya sea a una persona que empieza a trabajar en nuestra empresa, a una familia que necesita que le resolvamos una duda o a un niño o niña que simplemente quiere disfrutar de su campamento. En general los días son de mucho ritmo y de resolver mil cosas, pero también hay momentos en los que ves que todo funciona, que los equipos están bien y que las familias están contentas, y ahí es cuando piensas que todo el esfuerzo ha merecido la pena.

7. ¿Hay alguna novedad o iniciativa especial que quieras destacar de este año?

Sí, este año hemos puesto en marcha varias iniciativas que para nosotros son especialmente importantes. A nivel laboral, hemos empezado a colaborar con diferentes asociaciones que nos ayudan a acercarnos a personas que no siempre han tenido fácil acceso al mercado laboral. Nos gusta mucho esta colaboración porque nos permite dar oportunidades, pero también acompañar a algunas personas en su primer trabajo y ayudarles a tener esa primera experiencia profesional.

También hemos trabajado con asociaciones de los diferentes distritos, buscando hacer actividades conjuntas y estar más conectados con el entorno en el que desarrollamos los campamentos. Para nosotras es importante que el campamento no sea algo aislado, sino que forme parte de la comunidad.

Y, por otro lado, este año hemos avanzado en la digitalización de las inscripciones. Tener la información más organizada nos permite trabajar de una forma más ágil, conocer mejor los datos, detectar antes posibles errores o necesidades y, sobre todo, poder dar una respuesta más rápida a las familias y a los distritos.

Son cambios diferentes, pero todos tienen algo en común: intentar hacer las cosas un poco mejor y que eso se traduzca en oportunidades, en una mejor atención y en un proyecto más conectado con las personas.

8. A nivel personal, y después de semanas de preparación, ¿qué es lo que más ilusión te hace cuando arrancan los campamentos?

A nivel personal, lo que más ilusión me hace es ver que todo aquello que llevamos meses preparando empieza a cobrar vida. Durante semanas estamos pendientes de contratos, equipos, familias, actividades, materiales, horarios… y llega un momento en el que de repente ves los campamentos funcionando, a los niños y niñas entrando, jugando, conociendo a sus monitores y disfrutando. Y ahí es cuando realmente ves para qué ha servido todo ese trabajo. También me hace mucha ilusión ver a los equipos. Muchas veces has hablado con una persona durante el proceso de selección, la has acompañado en su incorporación y después la ves allí, trabajando con los niños y niñas y formando parte del equipo. Es muy bonito ver ese proceso.

Y, sobre todo, me quedo con esos pequeños momentos que no puedes planificar: una familia que te agradece el trabajo, un niño que está deseando volver al día siguiente o un equipo que te dice que todo está funcionando bien y al próximo campamento quiere continuar trabajando junto como equipo. Después de tantas semanas de preparación, ver que el campamento está lleno de vida es, sin duda, la parte que más ilusión me hace.

9. Si tuvieras que resumir este proyecto en una frase, ¿cuál sería y por qué?

“Un proyecto muy grande, pero con un objetivo muy cercano: que cada niño y cada niña disfrute, se sienta cuidado y pueda vivir unas buenas vacaciones.” Porque, aunque hablamos de miles de plazas y de muchísimos profesionales, al final todo nuestro trabajo tiene que ver con personas. Con que una familia esté tranquila, con que una niña se divierta, con que un monitor se sienta acompañado y con que todos encuentren en el campamento un espacio seguro y agradable.
Creo que esa es la esencia del proyecto: tener una dimensión enorme sin perder la cercanía con las personas.

10. Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría trasladar a todas las personas que forman parte de este gran proyecto?

Creo que, sobre todo, me gustaría dar las gracias a todas las personas que hacen posible este proyecto. Porque cuando hablamos de los campamentos muchas veces pensamos en los niños y niñas, pero detrás hay muchísimas personas trabajando para que todo salga adelante. Al personal que está en los propios campamentos, al Departamento de Ocio, al equipo de Laboral, al equipo administrativo y a todas las personas que están ahí cada día: gracias por vuestro trabajo, vuestra paciencia y vuestra implicación.

Cada área tiene su función y su responsabilidad, pero al final todos trabajamos por lo mismo: conseguir que los campamentos funcionen y que los niños y niñas puedan disfrutar de un espacio seguro, cuidado y lleno de experiencias.
Sé que hay momentos de mucho ritmo y que no siempre es fácil, pero creo que lo más bonito es precisamente eso: que cada persona, desde su lugar, forma parte de algo mucho más grande.

Y ojalá podamos siempre terminar la campaña con la misma ilusión con la que la empezamos, pero sobre todo con la sensación de que todo este esfuerzo ha merecido la pena y de que hemos dejado algo bueno en las personas que han pasado por nuestros campamentos.

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