La actualidad nos muestra que vivimos rodeados de crisis. Y esto no lo decimos porque vengamos aquí a repartir negativismo, todo lo contrario. Pero sería un error negar o huir de una realidad que nos rodea e interpela. Nuestro sector, el de la intervención social, ha hecho lo opuesto: ha plantado cara a cada crisis para avanzar en la defensa de derechos, para impulsar proyectos de intervención, inclusión y participación que no dejen a nadie atrás.
La crisis climática y el negacionismo, los discursos antimigración, la pérdida de confianza en las instituciones… ¿Qué papel tiene la intervención social ante estas crisis? Su misión ante la vulnerabilidad colectiva es irrefutable. Porque cualquier crisis, ya sea sanitaria, económica o climática, afecta directamente a la vida cotidiana, a las redes que nos sostienen o a nuestro bienestar emocional.
Las crisis ponen a prueba a las sociedades, pero también evidencian el valor de las profesiones que trabajan por el bienestar colectivo. Pero no queremos quedarnos con la idea de que la intervención social sólo responde a las emergencias, porque sabemos, por experiencia propia, que contribuye a prevenirlas, a reducir su impacto y a acompañar los procesos de recuperación posteriores.
En Siete Estrellas, lo sabemos: cada crisis trae consigo nuevas problemáticas, pero también confirma algo esencial para nosotros/as: la intervención social es imprescindible para garantizar la dignidad, la seguridad y la inclusión de las personas, un puente entre las necesidades urgentes y los recursos disponibles, ofreciendo acompañamiento, orientación y soluciones concretas. Vamos a ver algunos ejemplos:
La intervención social ante una pandemia
La pandemia de COVID-19 fue uno de los mayores retos sociales de las últimas décadas. Más allá de la emergencia sanitaria, aparecieron problemas sociales que afectaron especialmente a las personas más vulnerables: aislamiento, pérdida de empleo, dificultades para acceder a alimentos o medicamentos, aumento de la ansiedad y la soledad. Desde Siete Estrellas, el equipo tuvo que adaptarse rápidamente a una nueva y cambiante realidad, impartiendo formaciones o la coordinación con servicios o instituciones de forma telemática.
El acompañamiento a personas mayores, la detección de situaciones de riesgo, la mediación con familias fueron tareas del día a día en las que la intervención social, además de cubrir necesidades materiales, ofrecía algo igual de importante: cercanía, escucha y apoyo emocional en momentos de una enorme incertidumbre. Y al echar la vista atrás, nos dimos cuenta de que la pandemia nos dejó grandes lecciones en intervención y participación social. También nuevas formas de trabajar y de relacionarnos que nos llevaron, inevitablemente a nuevas metodologías o modelos de intervención social, en los que los espacios virtuales adquirieron un nuevo protagonismo y la presencialidad adquirió nuevos matices y enfoques.
Emergencias y desastres climáticos: intervención en situaciones límite
La DANA en Valencia, los incendios que asolaron el territorio español en el verano de 2025… Los desastres naturales son recientes y cercanos en nuestro país. ¿Qué queda cuando el fuego o el agua lo arrasa todo? Personas que necesitan respuestas rápidas, coordinadas y humanas. Y en muchas ocasiones, la intervención social es el primer punto de contacto que tienen las personas con un sistema de apoyo. Hay tareas de la intervención social que se han convertido en pasos fundamentales para abordar la realidad social en estos contextos:
- Detectar necesidades urgentes y priorizar la intervención
- Coordinar recursos sociales, sanitarios y/o comunitarios
- Acompañar a las personas afectadas en la toma de decisiones
- Facilitar el acceso a ayudas y servicios
- Ofrecer apoyo emocional en momentos de pérdida o incertidumbre
Por otro lado, la intervención social en su enfoque más amplio ha incorporado el cambio climático como una temática a abordar en proyectos de sensibilización, participación o dinamización, mediante la sensibilización, la reflexión y la generación de conciencia ambiental crítica o la movilización.
Migraciones y desplazamientos: acompañar procesos de vida
Las crisis migratorias son otro de los grandes retos actuales. Gaza o Ucrania son tan solo un pequeño (pero muy mediático) ejemplo… Miles de personas y familias enteras se ven obligadas a abandonar sus hogares por conflictos, pobreza o desastres, llegando a nuevos entornos con necesidades urgentes y múltiples barreras.
En la experiencia de Siete Estrellas, el trabajo con población migrante ha demostrado que la atención e intervención social a personas refugiadas va mucho más allá de cubrir necesidades básicas. Implica acompañar procesos de adaptación, orientar en trámites, facilitar el acceso a servicios y, sobre todo, generar vínculos de confianza permite a la persona migrante comenzar a situarse en un contexto absolutamente nuevo para ella.
Cada persona migrante trae consigo una historia y una cultura, también expectativas y temores asociados. La intervención social debe alzarse aquí como una herramienta que les facilite la integración, trabajando desde el minuto uno para prevenir la exclusión y construir comunidades más cohesionadas. Brindar un apoyo psicosocial a refugiados y migrantes es una de esas necesidades básicas que la intervención social cubre y en Siete Estrellas lo ponemos en marcha mediante talleres, actividades comunitarias o terapia para validar experiencias vividas, impulsar su inclusión y adaptación progresiva. De este modo, el trabajo social actúa de puente entre su pasado, identidad y cultura y el nuevo presente.
A pesar de que la propia historia del trabajo social nos permite ver cómo se trata de una actividad esencial para el desarrollo de la sociedad, las vivencias y experiencias asociadas a las crisis actuales demuestran, de nuevo, que la intervención social es, además, de una garantía de derechos, dignidad y superación, una respuesta eficaz ante las emergencias.