El discurso de los “jóvenes no participan” está caduco. Lo hemos oído mil veces, que “los adolescentes no se implican en la vida comunitaria” y frente a ese discurso, los hechos. Porque llevamos años observando una realidad bien distinta en todos los programas de ocio educativo, actividades comunitarias y espacios de participación juvenil es bien diferente.
Los y las jóvenes sí quieren participar. Lo que ha cambiado es la manera en que entienden esa participación, los temas que les motivan y movilizan y, desde luego, los espacios en los que desean ser escuchados.
Y ahí está el verdadero reto para los profesionales, las entidades y administraciones. No se trata tanto de atraer a los adolescentes sino de diseñar propuestas que realmente respondan a sus intereses, necesidades y formas de relacionarse.
¿Qué buscan los adolescentes cuando participan?
La participación deben plantearse como algo más que una asistencia a una reunión periódica. Tiene que apelarles y por eso desde Siete Estrellas – SocialMente creemos que cada iniciativa que busca la participación de jóvenes y adolescentes debe incluir:
Capacidad real de decisión
Las nuevas generaciones detectan rápidamente cuándo su opinión es escuchada y cuándo se trata de una consulta simbólica. Necesitamos que perciban que realmente sí se trata de influir en las actividades, proponer iniciativas o tomar decisiones sobre su entorno. Solo así aumentará el nivel de implicación significativamente.
Sentirse parte de un grupo
La dimensión social sigue siendo el gran motor de participación. Porque toda actividad favorece la creación de vínculos, el sentimiento de pertenencia y las relaciones positivas y esta es una de las claves para generar una mayor continuidad en el tiempo.
Espacios seguros y libres de juicio
Y tan importante como el sentimiento de pertenencia es el lugar desde donde lo siente. La participación florece cuando existe un clima de confianza donde expresar opiniones, equivocarse y aprender sin miedo a ser cuestionados.
Participar en temas con impacto tangible
Parémonos a reflexionar sobre las cuestiones que les despiertan intereses. Aquí algunos temas que, por nuestra experiencia, hemos visto que les motiva: Medioambiente, igualdad, diversidad, salud mental, convivencia, mejora de espacios públicos… Si sus acciones generan cambios y tienen utilidad, el compromiso siempre será mayor.
Las barreras que dificultan la participación juvenil
Es innegable que existen numerosos obstáculos en este área y que saber identificarlos nos permiten dar un primer paso para construir espacios que sean más y más participativos. Estas son algunas barreras que nos hemos ido encontrando a lo largo de todos estos años:
- Procesos excesivamente formales
- Actividades diseñadas sin contar con los propios jóvenes
- Escasa flexibilidad horaria
- Lenguajes alejados de la realidad adolescente
- Falta de continuidad
- Percepción de que las propuestas juveniles no son tenidas en cuenta
→ Aquí te contamos cómo lo hacemos en Rivas, donde llevamos desde 2004 con un proyecto de participación infantil. También en Tres Cantos, hemos desarrollaod un proyecto que mira al bienestar adolescente.
Hay cinco claves que no fallan para implicar a la juventud
1. Algo básico: Escuchar antes de programar
La participación comienza mucho antes de la propia actividad. ¿Cómo desarrollar esta escucha? Algunas ideas: encuestas, grupos de discusión, encuentros informales o dinámicas de diagnóstico… para conocer qué preocupa realmente a los y las jóvenes y qué tipo de iniciativas desean impulsar.
2. Y que sean ellas/ellos los verdaderos protagonistas
Los programas más exitosos son aquellos en los que los adolescentes dejan de ser receptores para convertirse en agentes activos. Si participan en la planificación, organización y evaluación de actividades nos ayuda a fortalecer su compromiso y sentido de pertenencia.
3. Ocio + participación, una combinación que no falla
Actividades deportivas, culturales, artísticas o tecnológicas… el ocio educativo constituye una excelente puerta de entrada a la participación comunitaria, al generar
espacios de encuentro desde los que posteriormente pueden desarrollarse procesos participativos más amplios.
4. Incorporar metodologías dinámicas
Los formatos tradicionales resultan cada vez menos atractivos para gran parte de la población adolescente. Algunas ideas: Talleres prácticos, retos colaborativos, proyectos creativos, gamificación o acciones comunitarias.
5. Visibilizar los resultados
La comunicación y visibilización de lo que son capaces de hacer es clave. Porque cuando la juventud observa que sus propuestas se materializan y se les reconoce públicamente, la confianza e implicación despega en cada proceso participativo.
¿Por qué nos importa el ocio saludable?
Los programas de ocio saludable han demostrado ser mucho más que una alternativa para ocupar el tiempo libre de los adolescentes, sirviendo como entorno educativo y de socialización para que los/las jóvenes puedan desarrollar competencias personales pero también de carácter social, fortaleciendo sus habilidades para la convivencia y construyendo relaciones positivas con otros iguales.
No son más que auténticas oportunidades para expresarse, participar activamente en su comunidad y crear redes de apoyo que favorecen su bienestar emocional. De este modo, el ocio saludable se convierte en una herramienta clave para impulsar la participación juvenil y promover un desarrollo integral y positivo.
Si te interesa saber más, aquí hay varias actividades alternativas de ocio y tiempo libre para los/as jóvenes.
Ser agente de cambio
En 2026, la participación para convertir a jóvenes y adolescentes en líderes y agentes de cambio capaces de aportar ideas, liderar iniciativas y transformar sus comunidades. Y no solo para favorecer el compromiso de adolescentes y jóvenes, sino también para generar comunidades más inclusivas, cohesionadas y dinámicas. Y este es el verdadero propósito de los proyectos de participación juvenil en los que nos embarcamos.