La igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres es un principio jurídico, ético y político universal reconocido en casi todos los países; dentro del ámbito europeo, en todos. Desde las constituciones nacionales a las declaraciones de derechos de la ONU, todos los textos recogen esta igualdad jurídica, y establecen la obligación de los poderes públicos de promover las condiciones y eliminar los obstáculos para que la igualdad entre las personas sea real y efectiva. Desgraciadamente esto no siempre es así.

El papel que tradicionalmente han desempeñado hombres y mujeres en nuestra sociedad viene experimentando una importante transformación. La incorporación al mercado laboral, el acceso a la universidad y una mayor presencia en el mundo político y cultural, están generando unos cambios sociales favorables para el avance de nuestra sociedad hacia la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Sin embargo, y aún con tanto camino recorrido, los datos de empleo, de participación en los grupos de decisión y en las juntas directivas de las grandes empresas están lejos de mostrar un panorama igualitario. Existen diferencias significativas en el número de mujeres contratadas y en la duración de los contratos (ocupan más puestos temporales o con reducción de jornada); en conjunto, cobran menos, promocionan con más dificultad y están poco representadas en ciertos sectores profesionales y en la dirección o los consejos de administración de las empresas, donde priman los hombres, mejor valorados y mejor remunerados, y donde se toman decisiones, que en muchas ocasiones, les afectan directamente a ellas.

Se une a ello las dobles jornadas (trabajo fuera de casa y el de las tareas domésticas), las excedencias para el cuidado tanto de menores como de personas dependientes, sin olvidar la violencia (en sus múltiples caras) que recae en el lado de las mujeres, lo que afecta de manera negativa a su presente y futuro (las jornadas reducidas harán que tengan menores niveles de cotización y por tanto menor nivel de ingresos en la jubilación, por poner un ejemplo).

Aun así, va aumentando el consenso social sobre la aceptación del derecho de las mujeres a la igualdad en todos los ámbitos, así como la percepción de que los hombres deben corresponsabilizarse de las tareas domésticas y de los cuidados familiares. En este sentido podemos decir que se ha avanzado…pero no lo suficiente. Es necesario este replanteamiento por parte de los hombres. Del lugar que ocupan en el espacio público y de poder, porque una sociedad con igualdad de oportunidades y acceso a todos los campos de decisión y organización entre hombres y mujeres es, y será siempre, más justa y democrática. Otro planteamiento está fuera de cualquier concepción de sociedad desarrollada.

El mundo empresarial no es ajeno a estos cambios sociales y cada vez más empresas se plantean la importancia de incorporar medidas y estrategias que favorezcan la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, no sólo como un cambio organizacional y de rentabilidad económica, sino como motor de un transformación social. Es urgente abordar este tema dentro de las empresas por pura justicia social, más allá de que las plantillas de empresas en las que se recogen medidas de conciliación de la vida familiar y laboral son más productivas, tienen menos bajas y están más comprometidas con la empresa, lo que a largo plazo, repercute de manera muy positiva en la misma.

Para impulsar todos estos cambios necesarios, la Ley de Igualdad de Oportunidades del 2007, recoge por primera vez la puesta en marcha de los Planes de Igualdad como herramienta de reflexión y trabajo para incorporar medidas que corrijan las desigualdades entre mujeres y hombres en las empresas.

La Ley, en su artículo 46, define los planes de igualdad como “…un conjunto ordenado de medidas, adoptadas después de realizar un diagnóstico de situación, tendentes a alcanzar en la empresa la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres y a eliminar la discriminación por razón de sexo”.  Para poner en marcha las medidas necesarias se realizará un diagnóstico de la empresa, lo que permitirá a la misma detectar situaciones de discriminación, reales o latentes, y aplicar medidas y acciones positivas para corregirlas y lograr la igualdad de oportunidades.

Por todo ello y dentro de este marco, en Siete Estrellas ponemos en marcha este año nuestro propio Plan de Igualdad, como herramienta de trabajo, no sólo para que la empresa sea más igualitaria y corresponsable, sino como un paso necesario para lograr una sociedad más justa.

Nos encantaría saber tu opinión sobre este tema, así que te invitamos a que nos dejes un comentario.

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2 Comments:

  • Carmen
    enero 20, 2016

    Muy bien por siete estrellas, desde el grupo Lideresas de centros de mayores de Vilaverde, os felicitamos.
    ojala y todas las empresas fuesen como vosotros, para que no tengamos que luchar tanto por la igualdad.
    Bravo y adelante

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    • Pachi Fernández
      febrero 16, 2016

      Gracias Carmen por tu comentario. Seguiremos intentando hacerlo mejor cada día.
      Un saludo

      RESPONDER

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